De Evangelion a William Blake (#TBT)

De Evangelion a William Blake (#TBT)

Votos: 1 Puntos: 5

En esta ocasión no voy a hablar de una película, querido lector. En su lugar, deseo hablar de una serie icónica; una obra maestra del anime de la que vale la pena comentar una y otra vez, debido a su complejidad y a su desenfadado universo psicológico enmascarado por una temática popular dentro de los dibujos animados japoneses.
Neon Génesis Evangelion es la historia de Shinji Ikari, un pequeño que tiene como destino tripular la última arma que podrá salvar la tierra del ataque de los llamados “ángeles”. Seguro se preguntará ¿Dónde está lo interesante en esto? Pues bien, el trasfondo psicológico de nuestro personaje principal es una suma de depresión, ansiedad y existencialismo destructivo que, claramente, lejos de ayudar en su misión por salvar la tierra; va mermando su desempeño provocando que existan momentos críticos a raíz de sus acciones y decisiones impulsivas casi siempre catalizadas por su deplorable estado anímico-emocional.

En fin, es de sobra conocido por todos que la serie está cargada de simbolismos religiosos, de enigmáticas escenas y de hilos argumentales complejos y cargados de intensidad dramática, cuya finalidad es poder conducir al espectador más allá de lo que una historia convencional lo haría; más allá de donde se marcan los límites de lo satisfactoriamente comprensible y donde comienza la desesperación y la innegable introspección individual.
Cierto, Evangelion no es una historia fácil. Hacia los últimos capítulos el enigma se convierte en un umbral de visiones y revisiones que, al puro estilo de 2001: A Space Odyssey (1968), transitan por nuestros ojos hacia la parte más recóndita de nuestras emociones; la parte más profunda de nuestra existencia para, literalmente, vomitarnos como personas renovadas y limpias de toda duda y toda huella de tristeza en nuestros corazones.

Pero sea usted, inteligente y conocedor lector, aquél que juzgue la serie y decida si es verdad que se le puede colocar en aquél mítico pedestal o si sólo es un ejercicio cargado de ininteligibles argumentos. Estoy seguro que, a final de cuentas, habrá algo dentro de usted al terminar la serie: tal vez aquél sentimiento de impotencia, tal vez frustración o desdicha por haberla concluido. En todo caso, podríamos pensar que serán, quizás, las mismas emociones por las cuales atravesó nuestro personaje principal por toda la serie ¿Será una curiosa coincidencia que usted pueda llegar a sentir lo mismo? Usted decida.

¿Ha leído alguna vez a William Blake, querido lector? Una de sus obras más conocidas y reconocidas es su poema El tigre, un poema monumental, breve y centelleante que viene a bien para cerrar nuestro artículo. Un oscuro porvenir y una siniestra espiritualidad gobierna los versos de la obra, tal como puede ser gobernada la narrativa creada por Hideaki Anno para aquél verbo sombrío y sangrante que vio la luz en 1995 y que hoy día continúa martillando nuestra zona de confort y nuestras ansias de ser complacidos con una historia común y corriente. Así que no, Evangelion no puede ser complaciente, porque Evangelion, querido lector; no desea complacer, desea llevarnos al mismo camino nostálgico y angustiante que los personajes recorren en cada capítulo y que encuentra diferentes cauces que son, a veces, oasis llenos de vida y, otras veces, estanques de agua intoxicada por la autodestructiva contemplación del YO.

Ahora, El Tigre:

"Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?"

– William Blake 

 

Texto por: Carlox Cadena

Cineasta

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