Pulp Fiction o el discurso de la soledad

Pulp Fiction o el discurso de la soledad

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Como cineasta, me he impuesto la norma de revisar una vez al año la obra maestra de Quentin Tarantino. Sin embargo, le estaría mintiendo a usted, querido lector, si le digo que esta norma es cumplida. Por lo general la reviso más de cinco veces. Incluso, en ocasiones, cuando escribo, la reproduzco para escuchar los diálogos y que mi memoria utilice el recurso de la imaginación para llenar con imágenes mi cabeza.


Pero ¿Cuál es la característica del cine tarantinesco a partir de Pulp Fiction? No incluyamos Reservoir Dogs (1992) ya que dicho filme, por el presupuesto, tuvo que ser lo más minimalista posible. En fin, decíamos que la característica del cine de Tarantino es, sin duda, el discurso de la soledad existencial. Los personajes de Pulp Fiction están envueltos, cada uno, en un marco de soledad urbana, sí; pero también con la limpieza de un escenario teatral. Cierto, hay escenas donde podemos ver a los personajes envueltos en atmósferas donde coexisten otras personas, sin embargo, estos momentos parecerían difuminar al público intencionalmente, como para acentuar la violenta existencia de Vincent Vega, Jules Winfield o Mia Wallace.


¿Qué nos muestra la soledad existencial-elemental de Tarantino? A saberlo, sus filmes (en este caso Pulp Fiction) son una puesta en escena donde las escenas inverosímiles son validadas por la propia conjura de su teatralidad, son, vamos a decir, farsas o tragedias griegas individualizadas de la sociedad posmoderna donde ya no importa si vivimos para contarla y sí para sacar el mejor partido de nuestros instintos y de los límites psicotrópicos a los cuales los podamos llevar para sentirnos más deslindados de esta “realidad tan amarga”. Pareciera ser que, sólo a través de las drogas, la violencia, lo irreal, es como se refuta la convivencia humana, no ya en la aburrida cotidianeidad donde nos aislamos enmarcándonos en teatralidades personales que nos apartan, durante un trayecto de diez minutos, de las demás personas que nos rodean en, por ejemplo, el metro, el supermercado, las licorerías, etc.


A pesar de que Pulp Fiction es una serie de cuentos entrecruzados con situaciones irreales, la verdad de sus argumentos queda comprobada cuando observamos nuestra propia realidad en los términos en que el filme la hace vibrar y resaltar, desmenuzándola en reflejos del verdadero sentimiento voraz que domina nuestras almas..
Finalmente, como dijo Shakespeare en Macbeth: “Esta vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”.

Texto por: Carlox Cadena

Cineasta

Cuentos Súbitos