La muerte no es el fin

La muerte no es el fin

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El siguiente relato está basado en un hecho real y es una de esas historias que en el mes de los muertos nos hacen recordar que la vida es solo la mitad del viaje que hemos de emprender:

 

Todo comenzó cuando era una niña, mi abuelo tenía más de un mes de haber fallecido.

Una noche me desperté porque oía que alguien me llamaba, de inmediato pensé que era mi hermana, con quien compartía el cuarto. Me levanté aún somnolienta y prendí la luz para ver qué quería, lo más extraño fue que se encontraba profundamente dormida. No le di importancia, apagué la luz y me volví a dormir.

Esa misma noche, justo después de esto que te acabo de platicar, tuve un sueño. En ese sueño me encontraba con mis hermanas, y mientras jugábamos, corrí a la habitación que en ese entonces era de mi abuelo. En ese cuarto teníamos un ropero con un espejo muy grande, donde uno podía verse reflejado de cuerpo entero.

Recuerdo que en mi sueño me miré en el espejo, cuando de repente escuché la voz de mi abuelo. Volteé hacia todos lados para ver de dónde provenía su voz, al no encontrarlo volví a poner mi atención en el espejo. Cuál sería mi sorpresa al descubrir que en el lugar donde estaba el espejo ahora se encontraba una especie de… no sé cómo explicarte, era una especie de… división que me conducía hacia otro lugar.

Al otro lado estaba mi abuelo, quien me extendió su mano para ayudarme a atravesar dicha división. Al pasar al otro lado me di cuenta de que estaba en el cementerio donde mi abuelo había sido enterrado. Me dijo que no tuviera miedo y, después de caminar por un rato, nos sentamos en una de las lápidas. Ahí me empezó a platicar sobre unos papeles muy importantes. Yo le sugerí que mejor se lo contara directamente a mi mamá, él se negó a hacerlo, pues me dijo que sólo podía hablar conmigo. Me indicó que teníamos que recuperar cuanto antes dichos papeles, los cuales se encontraban en manos de una persona cuyo único propósito era perjudicarnos.

Recuerdo que me pidió se lo platicara a mi mamá y que por nada del mundo lo fuera a olvidar, pues podíamos perderlo todo. Al terminar la conversación intenté besar su mano como siempre lo hacía para despedirme de él, pero no me lo permitió.

-No me mal interpretes, si no te permito besar mi mano es porque no se puede; pero recuerda que te quiero mucho, fueron sus últimas palabras para después encaminarme de regreso a aquella especie de división.

Al salir de aquel lugar volteé para despedirme, pero de nueva cuenta sólo se encontraba el espejo. En ese preciso instante el sueño terminó.

A la mañana siguiente lo primero que hice fue contarle mi sueño a mi mamá. Muchas de las cosas que me dijo mi abuelo no las entendí pues sólo era una niña, sin embargo, mi madre entendió perfectamente de lo que se trataba.

De inmediato fue a ver al licenciado que estaba terminando de arreglar unos aspectos legales de nuestra casa. Cuando mi mamá le pidió ver los papeles de nuestra casa, el licenciado se rehusó a hacerlo y corrió a mi mamá de su oficina. Entonces mi madre acudió con otro abogado y finalmente logró recuperar nuestro título de propiedad.

De no ser por el sueño que tuve con mi abuelo muerto, mi familia y yo hubiéramos terminado en la calle.