José José y la filosofía de: No solo de rock vive el hombre

José José y la filosofía de: No solo de rock vive el hombre

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Por Rockberto Jiménez

 

De principio este texto pudiera parecer que va dirigido a tratar sobre los gustos culpables, pero muy por el contrario, estas líneas van dirigidas a aceptar públicamente que en nuestros playlists, además de encontrar rock que va desde grupos clásicos como The Doors, Led Zeppelin, The Rolling Stones, AC/DC, pasando por artistas que formaron parte fundamental de la década de los 80 y 90, tales como David Bowie, Depeche Mode, hasta llegar a aspectos tan clavados como la sublime lírica de Leonard Cohen o bien, la maestría en la interpretación del blues en manos de guitarristas de la talla de Eric Clapton, BB King o Stevie Ray Vaughan, encontremos un audio cuya letra diga: “Lo que un día fue no será, ya no vuelvas a buscarme. No tengo nada que darte, de tu alpiste me cansé”. Así es, damas y caballeros, ¡Pepe Pepe is in the house! o mejor dicho, en nuestra computadora o celular, según sea el caso.

En lo personal, me considero un melómano que puede escuchar rock, hip hop o electrónico, siempre y cuando sea hecho con calidad, sin embargo hubo un tiempo de mi vida en donde al hablar con mis amigos sobre lo magnifica que era la rola de “Cowboys from Hell” de Pantera, era impensable que durante esa misma plática les comentara sobre lo sublime que me resultaba la frase “Pero estás dormida no sientes caricias, te abrazo a mi pecho me duermo contigo, mas luego despierto tú no estas conmigo, sólo está mi almohada”. Lo más seguro es que muchos de los que estaban en esa misma conversación oían cosas peores e innombrables pero no lo decían. El caso es que en la actualidad me viene valiendo lo que opinen las personas con las que me relaciono, ya no estoy en aquellos años escolares donde encajar en el grupo era lo “importante”.

De José José ya se hizo un tributo por parte de los rockeros, y a la fecha es indiscutible que sus canciones ya trascendieron y son parte de nuestro ADN, basta con ver las expresiones en el rostro de la gente cuando son tocadas en un bar, pues de inmediato comienzan a corearlas o, mejor aún, cuando empiezan a sonar en perfecta sincronía (cual si se tratase de un soundtrack), justo en el momento donde se platica con un amigo al tenor de varias rondas de cervezas, sobre alguna historia de una mujer que ha correspondido mal.

En definitiva, lo cantado por el príncipe de la canción, siempre será excelente para saborear el dolor y no queda duda que su  talento fue algo que se escribió para la eternidad.